Durante años, el concepto de Cero Accidentes ha sido un emblema en seguridad laboral. Nació como una filosofía ambiciosa, orientada a fomentar una cultura de excelencia, sin daños ni incidentes. Pero algo se ha torcido.
Hoy, el objetivo de cero accidentes se ha convertido, en muchos casos, en un simple objetivo numérico. Un KPI más. Y cuando se persigue como un número a alcanzar —no como una forma de pensar— aparecen consecuencias no deseadas: manipulación de datos, presión para no reportar incidentes, miedo al error. Se pierde el foco en lo realmente importante: aprender, mejorar, proteger.
El dilema de abandonar el “cero”
Ahora bien, si rechazamos la idea de “cero”, ¿qué aceptamos entonces? ¿Que cierto nivel de daño es tolerable? ¿Que 99% de seguridad es suficiente?
Gregory Milewski, veterano experto en cultura preventiva, plantea una reflexión potente: si el 1% restante significa 12 bebés entregados a los padres equivocados cada día, 107 operaciones médicas mal realizadas o más de 100.000 vuelos con víctimas mortales al año… entonces el 99% no basta.
Entonces, ¿qué alternativa tenemos?
La asintótica búsqueda de la excelencia
La excelencia no es una cifra, es una dirección. Es un enfoque. Una mentalidad de mejora continua, de aprendizaje constante. No se trata de alcanzar la perfección —porque la perfección es una asíntota: un ideal que se puede rozar, pero nunca abrazar—. Se trata de acercarse a ella, día a día, con humildad y disciplina.
Por eso, más que perseguir un número, deberíamos adoptar una mentalidad: la búsqueda persistente de no causar daño. No como lema vacío, sino como propósito vivo. No como otro cartel en la pared, sino como una forma de trabajar y de pensar.
¿Cómo se traduce esto en la práctica?
- En cada tarea, nos preguntamos: ¿cómo evitar cualquier daño, aunque sea mínimo?
- Cuando ocurre un error, no se oculta: se analiza, se aprende, se mejora.
- Los sistemas se diseñan con márgenes amplios y capacidad de adaptación.
- Los comportamientos se alinean con la excelencia, no con el miedo al castigo.
Esta mentalidad —aplicada con coherencia— tiene un efecto acumulativo sorprendente: días, semanas, incluso años sin incidentes, sin necesidad de obsesionarse con el “cero”.
Cambiemos el enfoque
Si el Objetivo Cero ha sido distorsionado, tal vez es momento de reformularlo. No como objetivo, sino como inspiración. No como cifra, sino como compromiso ético.
En PrevenControl creemos que esta mirada no solo es más humana, sino también más eficaz. Porque transforma la seguridad en una práctica viva, no en un checklist estéril.


