En seguridad y salud solemos hablar de accidentes, causas y consecuencias. Sin embargo, cada gran incidente suele estar precedido por pequeñas señales que, si se hubieran interpretado a tiempo, podrían haber cambiado la historia. De ello os hablamos en un primer post hace unos meses.
Indagando sobre el tema ha llegado a nosotros un interesante documento de la compañía Shell: “Learning from Incidents: Examples of Weak Signals and Mind Traps”, en el que se propone un marco muy interesante para reflexionar sobre dos aspectos clave: las señales débiles y las trampas mentales.
¿Qué son las señales débiles?
Son indicios de que algo puede no ir bien, pequeñas alertas que nos avisan de que las barreras de seguridad empiezan a fallar. A menudo pasan desapercibidas porque no generan un daño inmediato, pero anticipan riesgos mayores.
Algunos ejemplos recogidos en el documento de Shell son:
- Corrosión en un lugar inesperado.
- Un olor extraño al visitar una unidad de producción.
- Una bomba vibrando de manera inusual.
- Un empleado nuevo que se siente confundido frente a un equipo vital.
- Documentación crítica que no se completa.
- Procedimientos incorrectos o desactualizados.
- Supervisores que no toman en serio las preocupaciones del personal junior.
Detectar y actuar frente a estas señales es clave para evitar incidentes más graves.
¿Qué son las trampas mentales?
También conocidas como sesgos cognitivos, son formas de pensar que nos llevan a tomar decisiones rápidas y, en ocasiones, equivocadas. Nuestro cerebro busca atajos, confirma lo que ya cree o minimiza riesgos familiares, lo que puede comprometer la seguridad.
Shell identifica algunas de las más comunes:
- Normalización del riesgo: subestimamos un peligro porque “nunca ha pasado nada”.
- Sesgo de confirmación: interpretamos la información de manera que confirme nuestras creencias.
- Optimismo excesivo: sobreestimamos la probabilidad de éxito.
- Sesgo de continuidad: seguimos adelante con un plan aunque las circunstancias hayan cambiado.
- Conformidad con el grupo: priorizamos el consenso por encima de las evidencias.
- Efecto de encuadre: percibimos los riesgos de forma diferente según cómo se presenten los datos.
¿Por qué es importante hablar de esto?
En PrevenControl creemos que la prevención no solo depende de procedimientos y equipos, sino también de cómo pensamos y actuamos.
Ser capaces de identificar señales débiles y reconocer nuestras trampas mentales es una habilidad esencial para cualquier organización que quiera evolucionar hacia una cultura preventiva más madura y resiliente.
La “inquietud crónica” de la que habla Shell —esa alerta permanente que nos mantiene sensibles a lo que puede salir mal de la que hemos hablado en numerosas ocasiones en nuestros podcast— debe formar parte del ADN de los líderes en seguridad.
Y tú, ¿has detectado recientemente alguna señal débil en tu organización?
¿Qué trampas mentales crees que más afectan a tu equipo?


