Desde hace décadas, muchas estrategias de seguridad se han basado en una interpretación extendida —y a veces simplista— del famoso triángulo de Heinrich: si reducimos los incidentes leves, reduciremos también los graves. Pero ¿y si esta idea fuera más un mito urbano que una realidad empírica?
Andrew Hale, en un artículo ya clásico de 2002, nos invita a cuestionar esa creencia tan arraigada en la prevención de riesgos. Y aunque desde entonces se ha avanzado mucho en la investigación, sus reflexiones siguen siendo incómodamente vigentes.
El mito del triángulo: ¿Más incidentes menores = menos accidentes graves?
El triángulo de Heinrich ha sido reproducido hasta la saciedad, con la conclusión asumida por muchos de que las causas de los accidentes leves y graves son esencialmente las mismas. Pero Hale matiza: esta no era exactamente la intención de Heinrich, sino una derivación posterior de sus seguidores.
Hale argumenta que esta idea se ha mantenido viva porque resulta intuitivamente atractiva y tranquilizadora. Es más fácil intervenir sobre lo frecuente (lesiones leves, pequeños fallos) que sobre lo raro (accidentes catastróficos). Pero la ciencia no siempre apoya esa lógica.
Lo que decía la evidencia (en 2002, y aún hoy sigue en revisión)
Hale revisa múltiples estudios que muestran resultados contradictorios. Por ejemplo:
- Algunos estudios sugerían que no hay correlación clara entre los índices de accidentes mortales y los de lesiones leves.
- Otros señalaban que las causas de unos y otros no son necesariamente las mismas, especialmente en industrias de alto riesgo.
- Una de sus frases más citadas lo resume con crudeza:
“No vamos a prevenir desastres en la industria química pidiendo que la gente se agarre al pasamanos bajando las escaleras”.
El verdadero valor: entender los escenarios
Hale propone cambiar la pregunta: no se trata de si los accidentes graves y leves tienen causas comunes, sino de en qué escenarios concretos puede haber conexión.
Para ello introduce el concepto de modelo de desviaciones:
- Un accidente es la culminación de una secuencia.
- Esa secuencia podría haberse detenido en distintos puntos.
- No todos los accidentes leves podrían haber sido graves.
- Pero las desviaciones no detectadas y no recuperadas sí pueden conducir a consecuencias fatales.
Por tanto, lo clave no es contar incidentes, sino entender la trayectoria de cada tipo de escenario.
Defensa en profundidad sí, pero con sentido
Construir barreras es fundamental. Pero también lo es saber qué barreras controlan qué escenarios. Cuando el sistema se vuelve demasiado complejo, podemos perder esa claridad, especialmente si se simplifican procesos o se reducen recursos sin analizar el impacto en los riesgos mayores.
Los sistemas de gestión genéricos —y sus auditorías— pueden generar una falsa sensación de seguridad si no se ajustan a los riesgos específicos. Como señala Hale:
“Sin foco en los escenarios críticos, una auditoría puede acabar certificando que estamos preparados… para lo que no nos va a matar”.
¿Y ahora qué?
Desde PrevenControl apostamos por una prevención que:
- Analiza escenarios reales, no estadísticas genéricas.
- Reconoce las limitaciones de los modelos clásicos.
- Enfoca recursos y barreras según la magnitud del daño potencial.
- Evalúa tanto los incidentes consumados como los desviados a tiempo.
- Acepta la variabilidad humana como parte del sistema, no como el problema.
Porque no todos los incidentes leves son señales de alarma, pero algunas desviaciones sí son advertencias claras. Y porque la prevención más efectiva no es la que cuenta accidentes, sino la que entiende cómo se producen… y cómo se evitan.
¿Quieres revisar tus pirámides y convertirlas en mapas de riesgo ajustados a tu realidad? Escríbenos. Podemos ayudarte a ver más allá de los números.


