En muchas organizaciones existe una creencia profundamente arraigada: cuanta más experiencia tiene una persona, más segura es trabajando.
Durante años, esta idea ha guiado gran parte de las estrategias de prevención. Se invierten grandes esfuerzos en formar y proteger a los trabajadores recién incorporados, porque su falta de conocimiento del sistema, del entorno y de los riesgos los hace especialmente vulnerables.
Y esa preocupación es totalmente justificada.
Pero los datos de investigaciones de accidentes industriales y de salud laboral revelan una paradoja inquietante: la relación entre experiencia y probabilidad de accidente no es lineal.
En realidad, sigue una curva en forma de U.

La curva en U de la probabilidad de incidentes
Cuando analizamos los datos de siniestralidad en función de los años de experiencia en el puesto, aparece un patrón sorprendentemente consistente.
1. El “Gap de los novatos” (0-1 años): cuando todo es nuevo
Durante el primer año, el riesgo de incidente es muy elevado.
Las razones son claras:
- Falta de habilidad práctica
- Desconocimiento del sistema de trabajo
- Baja familiaridad con el entorno
- Estrés cognitivo y fisiológico al enfrentarse a tareas nuevas
El cerebro está aprendiendo constantemente, lo que aumenta la carga mental y reduce la capacidad para detectar señales de peligro.
Por eso, la mayoría de los programas de prevención dedican una gran cantidad de recursos a esta fase: acogida, formación inicial, tutorías y supervisión cercana.
2. La “Zona de atención consciente” (2-9 años): el punto de mayor seguridad
Entre el segundo y el noveno año suele aparecer la fase más segura de la carrera profesional.
En este periodo se combinan dos factores clave:
- Alta competencia técnica
- Conciencia situacional elevada
Las personas ya dominan su trabajo, pero todavía mantienen un respeto consciente por los riesgos.
Saben hacer la tarea y, al mismo tiempo, siguen atentos al entorno.
Esta combinación es lo que algunos expertos en factores humanos llaman la zona de atención plena operativa.
3. El “Pico de riesgo en trabajadores veteranos” (10+ años): el riesgo vuelve a subir.
Y aquí aparece la paradoja. A partir de aproximadamente diez años de experiencia, la probabilidad de incidentes graves vuelve a aumentar.
No por falta de conocimiento.
Precisamente por lo contrario.
Las investigaciones en Human Factors muestran que existen tres mecanismos psicológicos y organizativos que explican este fenómeno.
Por qué los trabajadores más experimentados también se accidentan
1. Automatización extrema (autopilot)
Cuando una persona ha realizado una tarea miles de veces, el cerebro la delega en el Sistema 1, el modo automático.
Esto tiene ventajas (rapidez, eficiencia), pero también un riesgo importante:
la atención consciente se desconecta de la acción física.
El trabajo se hace “sin pensar”.
Y cuando aparece una situación ligeramente diferente, la reacción puede ser demasiado tardía.
2. Normalización del riesgo
Si una tarea peligrosa se ha realizado cientos o miles de veces sin consecuencias negativas, el cerebro empieza a reinterpretarla.
El riesgo deja de percibirse como amenaza.
Se produce lo que en seguridad industrial llamamos normalización del riesgo:
El peligro sigue existiendo, pero deja de sentirse como peligro.
Es el mismo fenómeno que explica por qué algunas prácticas inseguras se convierten en “lo normal” en ciertos entornos.
3. Deriva procedimental (procedural drift)
Con el tiempo, muchos trabajadores desarrollan formas propias de hacer el trabajo.
Atajos.
Adaptaciones.
Pequeños cambios para ganar eficiencia.
Muchas veces son mejoras útiles.
Pero otras veces implican saltarse barreras de seguridad diseñadas en el procedimiento original.
Con los años, estas variaciones pueden consolidarse y convertirse en prácticas habituales, aunque nunca hayan sido evaluadas formalmente.
El error de muchas organizaciones
En muchas empresas se asume que la experiencia equivale automáticamente a seguridad.
Por eso:
- La formación se centra casi exclusivamente en los nuevos
- Los veteranos reciben menos atención preventiva
- Los sistemas de supervisión se relajan con la experiencia
Pero la evidencia muestra que los riesgos invisibles también aumentan con los años.
No porque las personas sepan menos.
Sino porque su cerebro cambia la forma en que procesa el riesgo.
Cómo gestionar el riesgo en trabajadores veteranos
Proteger a un trabajador con 15 años de experiencia no se consigue con una inducción básica ni con un checklist genérico.
Las intervenciones deben enfocarse en romper el piloto automático.
Algunas estrategias eficaces incluyen:
1. Conversaciones sobre el trabajo real
Espacios donde los profesionales puedan explicar cómo hacen realmente el trabajo, no solo cómo dice el procedimiento.
2. Revisión de prácticas consolidadas
Analizar adaptaciones y “trucos del oficio” para distinguir entre innovación útil y desviaciones peligrosas.
3. Aprendizaje entre expertos
Sesiones donde trabajadores experimentados analicen incidentes y compartan experiencias críticas.
4. Rotación cognitiva
Cambiar temporalmente roles, tareas o perspectivas para evitar la automatización excesiva.
5. Enfoques basados en Human and Organizational Performance (HOP)
Que ponen el foco en cómo trabajan realmente las personas y cómo evoluciona el sistema con el tiempo.
La pregunta que toda organización debería hacerse
Si en tu empresa ocurre un accidente grave, ¿dónde mirarías primero?
Muchos líderes siguen pensando en el trabajador nuevo.
Pero la realidad es más compleja.
La seguridad no solo consiste en proteger a quienes todavía están aprendiendo, sino también en mantener despierta la atención de quienes llevan años haciendo lo mismo.
Porque en seguridad laboral, la experiencia no elimina el riesgo.
A veces, simplemente lo vuelve invisible.


