En prevención hablamos mucho de normas, procedimientos y controles. Pero cuando miramos cómo se trabaja de verdad, cualquier responsable de Seguridad y Salud sabe que la realidad es mucho más compleja: turnos que cambian, proveedores que no llegan a tiempo, equipos que fallan justo en el momento más inoportuno, comunicación imperfecta y cientos de pequeñas decisiones que cada persona toma para que el trabajo salga… y salga seguro.
Un reciente estudio sobre seguridad en el ámbito sanitario —aplicable a cualquier entorno complejo, también industrial— vuelve a recordarnos algo que muchos prevencionistas llevan años viendo en primera línea:
No basta con perseguir la ausencia de accidentes. Hay que comprender cómo el trabajo seguro sucede cada día.
Y ahí es donde entran en juego el enfoque tradicional de la seguridad Safety-I y Safety-II, el nuevo enfoque.
Cuando el enfoque tradicional se queda corto (y a veces nos complica la vida)
Durante dos décadas, buena parte de los sistemas de seguridad se ha construido bajo la lógica Safety-I: más protocolos, más estandarización, más controles, más indicadores para reducir variaciones y evitar errores.
En papel suena bien. En la realidad del terreno… no siempre funciona.
El estudio señala varios límites conocidos por cualquier técnico de prevención:
- El trabajo real nunca es lineal. Las tareas cambian en función de la producción, la meteorología, el personal disponible o la presión de los plazos.
- La variabilidad humana no es un problema, sino una parte esencial del éxito.
Las personas ajustan –a veces creativamente– las condiciones para que todo siga funcionando. - Más procedimientos no significa más seguridad. De hecho, el exceso de normas puede generar frustración, bajar la agencia del trabajador y aumentar el burnout.
- Muchos “mejores procedimientos” no se basan en evidencia, sino en la creencia de que más control siempre es mejor.
- Los entornos complejos no se dejan gobernar por políticas top-down. La realidad va por delante del papel.
El estudio concluye algo que posiblemente reconoceremos: No es realista pensar que todos los riesgos pueden eliminarse o que el sistema puede rediseñarse hasta ser perfecto.
Safety-II: comprender cómo se crea la seguridad cada día
Safety-II surge precisamente para dar respuesta a estas limitaciones. Y lo hace con una premisa muy sencilla: La seguridad no consiste sólo en evitar que las cosas vayan mal, sino en entender por qué casi siempre salen bien.
En el día a día, eso significa fijarse en:
- Cómo los trabajadores ajustan las tareas para resolver imprevistos.
- Cómo se recupera la estabilidad cuando algo se desvía.
- Qué estrategias informales funcionan aunque no estén escritas.
- Qué decisiones toman los equipos cuando el procedimiento no aplica a la situación real.
- Qué señales tempranas detectan los supervisores para anticipar problemas.
El estudio recuerda que:
- Las personas no son el riesgo: son la fuente de adaptación.
- Los sistemas reales tienen defectos estructurales que no pueden rediseñarse a cero.
- Necesitamos flexibilidad y capacidad de maniobra, no sólo cumplimiento.
En otras palabras: trabajo como se imaginó vs. trabajo como se hace.

El dilema diario del responsable de seguridad
Una de las reflexiones más interesantes del estudio es cuando explica que, en muchos casos, Safety-I y Safety-II entran en conflicto directo.
Ejemplo muy típico en cualquier empresa:
- Un procedimiento dice que una maniobra debe hacerse de A → B → C.
- Pero el operario, con 20 años de experiencia, sabe que en esa máquina, con ese material y ese día, hacerlo en ese orden puede ser ineficiente o incluso peligroso.
- ¿Qué hace?
¿Cumple al pie de la letra (Safety-I) o ajusta para asegurar el mejor resultado (Safety-II)?
Todos hemos visto situaciones así.
El estudio lo resume con claridad:
➡️ Para Safety-I la variación es un error.
➡️ Para Safety-II la variación es una competencia.
Y ahí surge el reto para el responsable de Seguridad y Salud:
¿Cómo equilibramos ambos mundos sin caer en el control absoluto ni en el “cada uno hace lo que quiere”?
Cuatro enseñanzas prácticas para el día a día del prevencionista
1. No más protocolos: mejores protocolos
El estudio no demoniza los procedimientos. Lo que critica es su proliferación sin criterio.
Un buen protocolo debe:
- estar basado en evidencia real,
- diseñarse desde la observación del trabajo real,
- ser usable,
- y centrarse en lo esencial.
Menos PDF, más comprensión del contexto.
2. Deja que las personas tengan margen de maniobra
Los trabajadores necesitan poder:
- ajustar lo que hacen,
- interpretar la situación,
- tomar decisiones en el momento.
Darles ese espacio no los hace menos seguros:
les permite reaccionar mejor ante imprevistos y mantener el trabajo bajo control.
Es decir, no es un riesgo, es una fortaleza.
3. Observa cómo el sistema funciona “a pesar de todo”
El estudio identifica múltiples barreras:
- sistemas defectuosos,
- incoherencias entre departamentos,
- fallos de comunicación,
- políticas externas que nadie controla…
Aun así, el trabajo sale.
Identifica esas estrategias invisibles: ahí está la clave de la seguridad real.
4. Busca indicadores que expliquen cómo se crea la seguridad, no sólo cómo se pierde
Si medimos solo errores, veremos errores.
Si observamos aciertos, veremos patrones que permiten reforzar lo que funciona.
Entonces… cuál es la receta? Un equilibrio inteligente
El estudio concluye con un mensaje contundente y perfectamente aplicable a la PRL:
Una parte del sistema necesita Safety-I para ser segura.
Otra parte necesita Safety-II.
La clave no es elegir, sino equilibrar.
En empresas complejas —industrias, obras, utilities, energéticas— esto es evidente.
- Safety-I asegura los básicos: permisos, consignaciones, EPI, estándares técnicos.
- Safety-II permite navegar la complejidad diaria: imprevistos, interacciones con terceros, fallos de diseño, decisiones tácticas en el momento.
Un responsable de Seguridad y Salud que domina ambos enfoques no sólo reduce accidentes:
ayuda a que el trabajo fluya, que la organización aprenda y que las personas salgan cada día un poco más fuertes.
En PrevenControl vemos lo mismo que señala el estudio:
procedimientos que no encajan con la realidad, supervisores resolviendo desvíos antes de que sean incidentes, trabajadores adaptando el trabajo con soluciones que ningún manual previó y organizaciones que intentan controlar cuando deberían apoyar.
Por eso apostamos por un enfoque dual:
Safety-I para los sistemas y Safety-II para la adaptación.
Porque la seguridad real no está en el papel,
está en el trabajo diario,
y nuestra tarea es entenderlo y fortalecerlo.


