Cuando un trabajo tiene que hacerse de nuevo porque algo no ha salido como estaba previsto, normalmente pensamos en sus consecuencias sobre la calidad, los costes, los plazos o la productividad. Hay que desmontar, corregir, volver a montar, repetir una operación o solucionar una no conformidad, y todo ello consume recursos y afecta a la planificación. Sin embargo, existe otra consecuencia a la que probablemente prestamos mucha menos atención: el retrabajo también puede incrementar el riesgo de accidente.
Esta es una de las ideas que plantea el estudio Rework as a systemic risk amplifier: Exposure-normalized modeling of safety frequency and severity, publicado en 2026 en Production Planning & Control. La investigación analiza datos procedentes de 599 proyectos de construcción y propone interpretar el retrabajo no únicamente como una desviación relacionada con la calidad o la productividad, sino como una perturbación del sistema productivo capaz de amplificar el riesgo.
Repetir un trabajo no significa repetir las mismas condiciones
Pensemos en una tarea que inicialmente se ejecuta de acuerdo con lo planificado. Existe una determinada secuencia de trabajo, unas personas asignadas, unos recursos disponibles, una coordinación establecida con otros equipos y unas medidas preventivas diseñadas para esas condiciones concretas.
Ahora imaginemos que algo sale mal y es necesario repetir parte del trabajo. Esa segunda intervención puede desarrollarse en un contexto completamente diferente. Quizá haya que desmontar algo que ya estaba instalado, acceder a una zona de una forma que inicialmente no estaba prevista, coordinarse con otros equipos que ya han empezado sus trabajos o intervenir sobre una instalación que se encuentra en una fase diferente. A todo ello puede añadirse la presión por recuperar el tiempo perdido y evitar que el problema afecte al plazo global del proyecto.
Por tanto, no estamos simplemente repitiendo el mismo trabajo. Estamos introduciendo una nueva situación dentro del sistema productivo, con nuevas interacciones, restricciones y adaptaciones. Y desde el punto de vista de la seguridad, esa diferencia es fundamental.
Más retrabajo puede significar más oportunidades para que algo salga mal
Uno de los resultados más relevantes del estudio es la relación observada entre la cantidad de retrabajo y la frecuencia de lesiones. Los proyectos con una mayor densidad de retrabajo presentan también una mayor frecuencia de accidentes y, además, la relación observada no parece ser simplemente lineal: a medida que aumenta el retrabajo, la frecuencia de lesiones puede aumentar de forma acelerada.
Esto permite introducir una idea especialmente interesante para la gestión preventiva. Quizá no deberíamos considerar el retrabajo únicamente como la consecuencia de algo que ha fallado, sino también como una señal temprana de inestabilidad operacional.
Un proyecto en el que constantemente aparecen correcciones, modificaciones, reparaciones y trabajos repetidos está generando más variabilidad respecto a la planificación inicial. Cada una de esas desviaciones obliga a las personas a adaptar el trabajo real a unas condiciones que pueden no haber sido contempladas inicialmente. Desde Prevención, esa información debería interesarnos tanto como interesa a Producción o Calidad.
El retrabajo no solo aumenta la exposición: también puede cambiarla
Cada vez que repetimos una operación añadimos nuevas horas de trabajo y, por tanto, nuevas oportunidades de exposición a los peligros existentes. Pero el problema puede ir más allá. El retrabajo puede modificar las propias condiciones en las que se ejecuta la actividad.
Pueden aparecer tareas no planificadas, cambios en la secuencia del trabajo, nuevas interferencias entre equipos y contratas o situaciones en las que la supervisión resulta más difícil. También puede aumentar la presión por recuperar los retrasos y producirse mayores demandas físicas y cognitivas sobre las personas encargadas de resolver el problema.
Por eso, el retrabajo no debería interpretarse únicamente como una prolongación de la exposición original. En determinadas circunstancias puede crear nuevas exposiciones y nuevas combinaciones de riesgo que no estaban presentes cuando se evaluó y planificó inicialmente la tarea.
Frecuencia y gravedad no necesariamente evolucionan de la misma manera
Otro aspecto interesante de la investigación es que la relación encontrada resulta mucho más clara respecto a la frecuencia de lesiones que respecto a su gravedad. Esto nos recuerda algo importante: no todos los indicadores de seguridad reaccionan de la misma manera ante las condiciones operacionales.
Una organización puede estar generando muchas más oportunidades para que ocurra un incidente sin que eso se traduzca automáticamente en un aumento proporcional de la gravedad de sus consecuencias. Prevenir que ocurra un accidente y evitar que, cuando ocurra, tenga consecuencias graves son cuestiones relacionadas, pero no exactamente iguales y, por tanto, pueden requerir estrategias preventivas diferentes.
Una lectura desde Safety-II
El estudio también resulta especialmente interesante si lo observamos desde una perspectiva Safety-II. Los sistemas productivos reales nunca funcionan exactamente como fueron diseñados. Las personas adaptan continuamente su trabajo para responder a retrasos, problemas de suministro, errores, interferencias, averías o necesidades inesperadas. Buena parte de esas adaptaciones son precisamente las que permiten que el trabajo salga adelante.
El retrabajo es una manifestación especialmente visible de esta variabilidad. Cuando aparece una no conformidad, la organización tiene que adaptarse para resolverla. Desde la perspectiva preventiva, la pregunta relevante no debería limitarse a cómo solucionar el problema, sino también a cómo ha cambiado el sistema como consecuencia de esa adaptación.
Podemos haber realizado una excelente evaluación de riesgos para el trabajo inicialmente planificado y, sin embargo, no haber analizado las condiciones creadas por el trabajo correctivo. Precisamente en esa diferencia entre el trabajo inicialmente diseñado y el trabajo que finalmente hay que realizar puede encontrarse una parte importante del riesgo.
¿Qué ocurre cuando aparece un retrabajo?
En muchas organizaciones, cuando aparece una no conformidad se ponen inmediatamente en marcha distintos mecanismos. Calidad registra y analiza la desviación, Producción reorganiza la planificación, Operaciones intenta recuperar el retraso y el responsable del proyecto calcula el posible impacto económico.
Sin embargo, no siempre se activa con la misma rapidez una reflexión equivalente desde Seguridad y Salud.
Quizá deberíamos empezar a considerar que determinadas no conformidades, especialmente aquellas que obligan a modificar significativamente la forma de ejecutar una tarea, representan también un cambio en las condiciones operacionales. En esos casos, además de preguntarnos cómo vamos a solucionar el problema, deberíamos preguntarnos qué nuevos riesgos pueden aparecer mientras lo solucionamos.
Esto resulta especialmente relevante cuando el retrabajo implica desmontajes, intervenciones sobre instalaciones existentes, trabajos en altura, energías peligrosas, espacios confinados, utilización de equipos diferentes a los previstos o nuevas interferencias entre empresas y trabajadores.
¿Podemos utilizar el retrabajo como leading indicator?
Esta perspectiva abre una posibilidad interesante: incorporar el retrabajo dentro de los leading indicators de seguridad.
Si una elevada concentración de retrabajos puede estar asociada con una mayor frecuencia de incidentes, las organizaciones podrían monitorizar no solo cuántos retrabajos se producen, sino también dónde se concentran, cuántas horas adicionales generan y qué tipo de cambios introducen respecto a la planificación inicial.
No todos los retrabajos tienen evidentemente la misma relevancia preventiva. Corregir un pequeño acabado no tiene las mismas implicaciones que desmontar una instalación, repetir una intervención en altura o modificar una actividad en la que participan simultáneamente varias contratas. Por eso, más que limitarse a contabilizarlos, puede ser interesante identificar aquellos retrabajos que generan nuevas condiciones de exposición o una alteración significativa de la secuencia prevista.
El objetivo no debería ser crear otro procedimiento burocrático ni convertir cualquier pequeña corrección en una nueva evaluación de riesgos formal. Se trata de aprovechar información que la organización probablemente ya genera para detectar aquellos lugares donde el sistema empieza a mostrar mayor variabilidad e inestabilidad.
Una pregunta sencilla que puede cambiar la conversación
Antes de iniciar un retrabajo podría ser suficiente, en muchos casos, con formular una pregunta: ¿las condiciones en las que vamos a realizar ahora este trabajo son las mismas que contemplamos cuando planificamos la tarea original?
Cuando la respuesta sea negativa, probablemente convenga detenerse unos minutos para analizar qué ha cambiado. Puede hacerse mediante una conversación breve entre Producción, Mantenimiento, Seguridad y, sobre todo, las personas que van a ejecutar el trabajo. Revisar las nuevas interferencias, identificar qué parte del procedimiento original ha dejado de ser válida o anticipar qué podría sorprender al equipo durante la ejecución puede resultar mucho más efectivo que asumir que, puesto que la actividad ya fue evaluada una vez, puede volver a realizarse exactamente de la misma manera.
Calidad, producción y seguridad están mucho más conectadas de lo que pensamos
Una de las conclusiones más interesantes que podemos extraer del estudio es que los problemas que organizativamente clasificamos en departamentos diferentes están profundamente conectados en el trabajo real.
Una desviación de calidad puede provocar un problema de producción; ese problema puede generar presión temporal; la presión puede obligar a modificar la planificación; la modificación puede generar nuevas interacciones entre equipos y esas interacciones pueden acabar creando nuevas condiciones de riesgo.
Esta perspectiva invita a ampliar nuestra mirada sobre la prevención. Mejorar la seguridad no consiste únicamente en identificar peligros y establecer controles, sino también en comprender qué condiciones operacionales pueden modificar o amplificar esos peligros.
El retrabajo puede ser una señal especialmente valiosa para detectar esas situaciones. Por eso, la próxima vez que en una reunión de proyecto alguien diga que es necesario repetir un trabajo, quizá desde Prevención deberíamos incorporar una pregunta a la conversación:
¿Qué ha cambiado respecto a la primera vez que lo hicimos?
Porque repetir un trabajo no significa necesariamente repetir las mismas condiciones. Y precisamente en esa diferencia puede empezar el riesgo.


