Uno de los mayores obstáculos para mejorar la seguridad en el trabajo —ya sea en hospitales, obras o fábricas— es algo tan invisible como poderoso: el miedo. Miedo a equivocarse. Miedo a ser juzgado. Miedo a ser castigado.
Un estudio experimental realizado hace años en hospitales italianos, publicado en el Journal of Evaluation in Clinical Practice, aportó datos reveladores sobre este fenómeno en el ámbito sanitario. ¿La conclusión principal? El miedo a la culpa es más generalizado y profundo que el miedo al castigo.
¿Qué investigaron?
El equipo de investigación pidió a médicos, estudiantes de medicina, enfermeros y estudiantes de enfermería que se posicionaran ante una serie de errores hipotéticos, que iban desde equivocaciones sin consecuencias hasta aquellas que derivaban en la muerte del paciente. Se les preguntó cuán probable creían que era ser culpados, sancionados o incluso despedidos.
Los resultados muestran una tendencia clara:
- El miedo a ser culpado está presente de forma generalizada, independientemente del nivel de experiencia o del rol profesional.
- El miedo al castigo varía más, siendo mayor entre estudiantes de enfermería y menor entre médicos con experiencia.
¿Por qué es importante?
La cultura de la culpa crea un entorno en el que el error se oculta. Esto impide aprender de él. Se genera así un “círculo vicioso del silencio” donde las oportunidades para mejorar se pierden.
Y no se trata solo de errores graves. El estudio demuestra que incluso en errores menores, el temor a ser criticado es suficiente para inhibir el reporte. Cuando esto ocurre, la organización pierde una fuente de aprendizaje esencial.
¿Qué podemos aprender desde la prevención?
Aunque el estudio se centra en el ámbito sanitario, sus implicaciones trascienden sectores. En prevención de riesgos laborales, también debemos preguntarnos:
- ¿Qué sienten nuestros trabajadores cuando cometen un error?
- ¿Perciben que serán escuchados… o juzgados?
- ¿Estamos promoviendo una cultura que invita a aprender o a esconder?
Pasar de la cultura de la culpa a la cultura justa requiere más que formación. Necesita liderazgo, coherencia organizacional y un cambio profundo en las normas no escritas que rigen el día a día.
Claves para la acción:
- Formar desde el inicio: Incluir en la formación inicial la gestión del error como parte del trabajo real y humano.
- Separar el error de la negligencia: No todo fallo es sancionable. Muchos son oportunidades de aprendizaje.
- Revisar nuestros procedimientos de reporte: ¿Son seguros psicológicamente? ¿O generan temor?
- Medir la cultura: Herramientas como encuestas de percepción pueden revelar hasta qué punto el miedo a la culpa está presente.
Conclusión
Como afirmaba el informe To Err is Human, “mejorar la seguridad del paciente requiere arreglar el sistema, no buscar culpables”. Lo mismo podemos decir de la seguridad en el trabajo. Cambiar la cultura es difícil, pero ignorar el problema tiene un coste mucho mayor: repetir los mismos errores, una y otra vez.


