En un reciente artículo titulado “Behavioral Observations: A Double-Edged Sword for Workplace Safety?”, el psicólogo organizacional Clive Lloyd —reconocido por su trabajo en liderazgo en seguridad y cultura organizacional— analiza con claridad las luces y sombras de una de las prácticas más extendidas en la gestión preventiva: las observaciones conductuales.
Durante décadas, esta herramienta ha sido utilizada en sectores de alto riesgo como una forma rápida y visible de intervenir sobre comportamientos inseguros. Sin embargo, tal como plantea Lloyd, su aplicación puede generar efectos contraproducentes si no se contextualiza dentro de una estrategia sistémica e inclusiva de la seguridad y salud.
Beneficios percibidos: por qué siguen siendo populares
Lloyd identifica varios motivos por los que muchas organizaciones continúan confiando en las observaciones conductuales:
- Acción inmediata y visibilidad: Ofrecen una forma tangible de “hacer algo” por la seguridad.
- Sensibilización y participación: Cuando se aplican entre iguales, pueden abrir conversaciones preventivas.
- Detección de conductas de riesgo: Permiten actuar sobre comportamientos observables y recurrentes.
- Señal cultural: Comunican que “la seguridad importa”, aunque a veces más como forma que como fondo.
- Encaje en modelos jerárquicos: Se alinean con enfoques tradicionales de control y cumplimiento.
- Paso previo hacia mejoras sistémicas: En algunos casos, sirven de entrada a análisis más complejos.
Riesgos y efectos secundarios: lo que muchas veces se pasa por alto
Sin embargo, Lloyd advierte de múltiples riesgos asociados a un uso acrítico de esta herramienta, entre ellos:
- Culpar al individuo y desatender las condiciones del sistema.
- Reduccionismo: simplificar la seguridad a listas de actos “seguros o inseguros”.
- Pérdida de confianza y deterioro de la seguridad psicológica.
- Distorsión del comportamiento por el efecto Hawthorne.
- Subjetividad y sesgos en la interpretación de conductas.
- Desconexión con el trabajo real y las adaptaciones necesarias para operar con seguridad.
- Elevado coste de implementación, con posibles retornos decrecientes.
- Falsa sensación de seguridad basada en métricas que no reflejan los riesgos reales.
- Manipulación del sistema para cumplir KPIs sin generar valor real.
- Falta de equidad, al centrarse casi exclusivamente en la actuación del personal operativo.
De la conducta al sistema: una evolución necesaria
Las reflexiones de Clive Lloyd encajan perfectamente con los principios del enfoque Human and Organizational Performance (HOP), que pone el foco no en el error humano, sino en las condiciones en las que se produce el trabajo. Desde HOP se promueve una visión más madura y eficaz de la seguridad:
- Entendiendo que el error es normal y que no todo comportamiento “desviado” es irresponsable.
- Analizando las presiones, limitaciones y adaptaciones reales del trabajo diario.
- Invirtiendo en mejoras sistémicas (diseño, organización, liderazgo) antes que en controlar la conducta.
- Promoviendo una cultura justa, basada en la confianza y el aprendizaje continuo.
¿Y ahora qué?
En PrevenControl creemos que las observaciones conductuales pueden ser útiles, pero solo si se integran en una estrategia global que incluya:
- Una comprensión profunda del trabajo tal y como se hace (Work-as-Done).
- Escucha activa y participación real de los equipos.
- Estructuración de la información con un software como SmarertOSH.
- Análisis de los factores organizacionales, técnicos y culturales que condicionan la seguridad.
- Liderazgo preventivo que inspire, no que vigile.
La seguridad no mejora solo por observar conductas, sino por comprender los sistemas, construir confianza y aprender de la realidad operativa.
Si quieres avanzar hacia un enfoque de seguridad más humano, organizacional y sostenible, el equipo de PrevenControl puede ayudarte. Escríbenos y empezamos la conversación.


