Cuento de Navidad ‘La Prevención y Papá Noel’

Tiempo de lectura: 5 minutos

Los cuentos de Navidad son relatos que giran en torno a la temática navideña y suelen transmitir valores como la generosidad, la solidaridad y el espíritu festivo. Estos cuentos a menudo se centran en temas como el amor, la compasión, la redención y la importancia de estar con seres queridos durante las festividades.

“Canción de Navidad” (A Christmas Carol) de Charles Dickens, escrito en 1843, “El Cascanueces” de E.T.A. Hoffmann, “La mula y el buey” de Benito Pérez Galdós,… Además de estos clásicos, hay una amplia variedad de cuentos de Navidad que abordan diferentes temas y estilos, desde relatos cómicos hasta conmovedores.

¿Y si nos llevamos estos cuentos al terreno de la prevención de riesgos laborales?

Daniel Jerez, técnico de PRL en PrevenControl y escritor de novela negra, como la reciente ‘El pasado nunca nos olvida‘, nos ha regalado siete magníficos relatos cortos que os queremos compartir durante estos días de Navidad.

CUENTO I · ‘LA PREVENCIÓN Y PAPÁ NOEL’
por Daniel Jerez Torns

La noche de los sueños ha llegado. La ciudad duerme bajo el manto de la ilusión y la niñez. Esa niñez que todo adulto oculta en su corazón y que solo en ciertas fechas alimento un poco, lo justo para no perder la esperanza de que la fantasía puede ser real. La nieve cubre las calles, los árboles y los tejados de las casas.

Las ciudades han cambiado mucho. Ya no hay tanta casita y cada vez más pisos altos. Pero lo que más ha modificado las acciones de nuestro personaje es la ausencia de chimeneas. Sí, ese conducto que evacua el humo del fuego. Por ahí es por donde la ilusión entra para depositar un regalo.

Papa Noel ha cambiado algunas cosas para actualizarse a los nuevos tiempos. Sí, Papa Noel. Porque mientras se crean debates sobre su posible existencia, él sigue silenciosamente realizando su trabajo, ajeno a las polémicas de su credibilidad en nuestro mundo.

Esta noche, la noche de 24 de diciembre más, Papa Noel lleva a cabo lo que será su jornada más agotadora, aunque sin olvidar los 364 días restantes del año que sirven de preparación, seguimiento, planificación y fabricación de regalos. Pero sí, Papa Noel ha tenido que modificar sus formas de trabajo. Sigue utilizando ese antiguo trineo tirado por los renos y la bolsa roja. Pero los edificios han cambiado. Ya no haya tantas chimeneas ni tantos balcones. Y los pisos son cada vez más altos. En muchas ocasiones entra por la azotea, a través de la puerta que da acceso a la zona de tendedero que comparten los vecinos y que lleva a la escalera principal. Otras, debe forzar la puerta principal pues no hay otra forma de acceder.

Sin embargo, y para su plena satisfacción, en alguna urbanización, aún se encuentra con alguna casa de dos plantas con chimenea. Como es ahora la situación.

¡Quietos! Muy bien, chicos. – dice Papa Noel a los renos al aterrizar encima del tejado.
Papa Noel se ajusta bien el gorro, coge la bolsa de regalos y se dirige a la chimenea. De repente, oye un ruido en el tejado, un golpe seco. A su izquierda ve como una escalera de mano sobresale. Al cabo de pocos segundos un hombre sube por ella y se planta delante de él. Lleva un traje bueno, con gabardina, guantes y bufanda.

– ¡Buf!, que frío. – Exclama el hombre

Papa Noel lo mira horrorizado. En toda su existencia nadie lo había visto. Nunca se había encontrado con ningún mortal. Y ahora, aquel hombre se planta delante suyo.

– Hola, ¿es usted Papa Noel? – le pregunta el hombre mientras abre una carpeta y saca un bolígrafo.
– ¿Cómo?
– ¿Si es usted Papa Noel?
– Oiga, esto no debería estar pasando.
– Pero, ¿lo es o no lo es?
– ¡Sí! ¡Soy Papa Noel!

El hombre empieza a escribir algo en unos papeles que tiene en la carpeta.

– Bien, señor Papa Noel, esto es una inspección de prevención de riesgos laborales y a continuación vamos a comprobar algunas cosas…
– ¿Qué? ¿Cómo que una inspección? Oiga, no venga con tonterías que tengo mucho trabajo.
– Esto no es ninguna tontería, señor Noel. Vamos a ver. ¿Posee usted la evaluación de riesgos de su puesto de trabajo y la planificación?
– Pues no. Esto es absurdo.
– Por favor, guarde silencio. ¿Cuántos trabajadores tiene a su cargo?
– Mmmm… pues con todos los elfos y los renos, no sé, más o menos dos mil.
– Y no posee la evaluación de riesgos dice
– No
– Ha llevado a cabo la vigilancia de la salud, es decir, reconocimientos médicos.

Papa Noel rompe a reír a carcajadas y no puede evitar soltar alguna lágrima.

– Oiga, nosotros no necesitamos reconocimientos médicos. Llevo viviendo cientos de años.
– Aja, no ofrece reconocimientos médicos. Veamos, la ropa que lleva, ¿está certificada como equipo de protección individual para trabajar a bajas temperaturas?
– No, está acolchadita pero…
– Equipo de protección individual sin certificado ni instrucciones – apunta el inspector.
– Veamos, ¿qué iba hacer ahora?
– Pues lo que hago siempre, bajar por la chimenea.

El inspector se acerca al conducto, mira por él y vuelve hacia Papa Noel. Mira atento su indumentaria y el trineo.

– ¿Posee usted arnés y ropa ignífuga?
– No, verá…
– Muy bien, es decir, que baja por aquí sin protección.
– Esto… bueno…
– ¿Y contempla la forma de actuación en caso de emergencia, por ejemplo, si al bajar se prende fuego?
– No
– Ausencia de plan de autoprotección. – dice en voz alta mientras apunta en la hoja.
– Oiga, pero nunca me ha pasado nada.
– Ya, eso dicen muchos. A ver. ¿Ha llevado a cabo formación en materia de prevención?
– No
– ¿Información?
– No
– ¿Auditoria de prevención?
– No

El inspector no para de escribir en la hoja a un ritmo vertiginoso.

– Oiga, es que tengo mucho trabajo y si…
– No me interrumpa. Veo que lleva una bolsa enorme. – En ese momento Papa Noel sonríe satisfecho de la bolsa que lleva a su espalda. – ¿Ha realizado la evaluación ergonómica de manipulación manual de carga
– ¿Qué es eso?
– El trineo. Veo que se eleva. ¿Realiza las inspecciones periódicas? ¿Tiene la formación para manipular plataformas elevadoras?
– No

El inspector se dedica a escribir durante cinco largos minutos. Finalmente, le entrega una hoja a Papa Noel.

– Señor Noel, está usted incumpliendo toda la Ley 31/1995 de Prevención de Riesgos Laborales. No tiene usted definida la organización de la prevención, no hay plan de prevención, no tiene evaluación de riesgos y por tanto tampoco planificación. No tiene contratada la vigilancia de la salud. No ha llevado a cabo el plan de autoprotección. No hay constancia ni de información ni formación de riesgos. En cuanto a su trabajo, faltarían EPI: ropa para frío, ropa para temperaturas elevadas (chimenea), calzado antideslizante (para caminar sobre los tejados), arnés, casco (para golpes al bajar por la escalera) y mascarilla (para evitar inhalar los humos de la chimenea). Deberá modificar el saco y usar alguno que no supere los 25 kg y usar medios mecánicos para llevarlo. En cuanto al trineo, deberá para los controles necesarios y usted hacer una formación para utilizarlo. Por todo ello, ya que hay acciones que suponen un riesgo grave e inminente que puede poner en peligro su vida, voy a parar la actividad hasta que formalice su situación en materia de prevención.
– ¿Qué? ¡Oiga, no puede hacer esto! ¡Tengo que distribuir todos los regalos durante la noche!
– ¿Cómo? – el inspector abre los ojos – ¿Y tiene usted planificado los turnos y los descansos?
– Pues no…
– Lo siento, pero debe bajarse ahora mismo y presentarse mañana a Inspección de Trabajo.
– Pero mañana es Navidad.
– Es cierto. Pasado mañana.

Papa Noel abatido ve como aquel hombre cierra la carpeta y se decide a bajar por la escalera. Antes de que desaparezca lo llama.

– Señor inspector, ¿puedo preguntarle una cosa?
– Sí, dígame
– ¿Ya he pasado por su casa?
– Sí
– Ah, y ¿qué pidió usted para Navidad?
– Una escalera.

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