Conformidad. El experimento de Asch.

Tiempo de lectura: 3 minutos

En las siguientes líneas trato de explicar el concepto de Conformidad según Asch y relacionarlo con otros conceptos que impactan en el comportamiento del individuo a través de una pequeñísima historia inventada, que pasa en un país inventado, en una obra inventada, por unos personajes no terrícolas y que nunca han existido y en profesiones que no conocemos). 😉

Imaginémonos a un trabajador con experiencia recién contratado en una empresa, en su primer día de trabajo. Imaginémonos que tiene que montar una estructura modular y que sus compañeros empiezan a hacerlo sin seguir una norma básica (para él) de seguridad: no utilizar un arnés de seguridad (¡sí! ¡Es la única coincidencia! ¡En ese mundo tienen arnés de seguridad!). Sigamos imaginando: el nuevo trabajador pide un arnés y sus compañeros lo miran y sonríen, y le dicen, ¡vamos hombre! ¡No me digas que eres de esos! Y siguen trabajando, y le dicen, ¡vamos! ¡Que estamos retrasados!

Puede ser que la presión del grupo venza esa regla básica de seguridad que tenía preestablecida y se incorpore al trabajo sin más. Una de las explicaciones que la psicología social atribuye ese comportamiento es lo que denominan conformidad. (Está bien, es la segunda coincidencia: en esos mundos hay también psicólogos).

En este contexto, la conformidad se refiere a la tendencia individual de seguir unas reglas o comportamientos no escritos de un grupo al cual pertenece.

¿Realmente la conformidad es tan poderosa como para condicionar a un individuo de esa forma? El psicólogo Salomon Asch condujo en la década de los 50 una serie de experimentos tendientes a demostrar este poder del grupo.

El más divertido de ellos (y a la vez el más explicativo visualmente) se puede rescatar del siguiente vídeo de aquella época (en inglés). En el vídeo verán un hombre en un ascensor y como empiezan a entrar personas en éste que adoptan posiciones distintas a las que nuestro hombre ha adoptado… ¿Qué hará nuestro hombre?

Y hoy en día seguimos con lo mismo. Aqui tenemos la revisión del experimento en nuestros días:

La presión del grupo condiciona el comportamiento del individuo. Pareciera que somos un animal social y que la inclusión en un grupo puede vencer nuestros valores individuales. Es posible que esto sea así porque podemos pensar que la pertenencia a un grupo puede estar incrementando nuestras posibilidades de supervivencia; sin embargo, puede ser pernicioso cuando el grupo tiende a que violemos reglas que pueden ir, más allá de contra valores éticos, contra nosotros mismos al ponernos en peligro, como en el caso del ejemplo inicial que comentábamos.

En situaciones en las que la presión del grupo nos “propone” modificar un comportamiento que para nosotros no es relevante, existen posibilidades de que lo aceptemos para evitar el conflicto. Esta es una de las alternativas a la conformidad que plantea Asch.
Quedémonos con ambas: conformidad y elusión del conflicto.

Y volvamos a nuestro trabajador, que ya lo tenemos montando en la estructura sin arnés, junto a sus compañeros. ¡Uy, qué casualidad! Acaba de llegar una visita de personal jerárquico de su empresa a ver la evolución de la obra. Vienen de lejos, de otra galaxia, y tienen prisa.

Las personas, algunas de ellas con experiencia en obras intergalácticas, se acercan, miran el montaje, comentan los pormenores y el avance de la obra con el encargado de la cuadrilla. Uno de ellos, el más joven, comenta con sus compañeros si no creen necesario que los montadores lleven arnés. Los otros le miran y uno comenta que si el encargado no lo ha pedido, es que no es necesario. El joven iba a replicar, pero decide callarse.

No dicen nada. Se despiden y se van. Puros espectadores.

Conformidad, elusión del conflicto, efecto espectador…

El cóctel está servido. Es cuestión de tiempo que ocurra lo que no queremos que ocurra.

¿Qué podemos hacer, si se puede hacer algo, para eliminar estos ingredientes?
¿Parece una situación familiar? Insisto, pura coincidencia.

¡Que tengáis un día seguro!

 

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